martes, 20 de septiembre de 2022

Mecánica de observación

 20 de septiembre 1995.

“Que…”

Pocas labores eran menos importantes pero concedida con primeros recursos como monitorear, y Lox sintetizaba la labor en sus redes, así como sus sujetos decían *había nacido para ello* en el nodo exterior para el territorio identificado con fuerte agua, piedras errantes y estrellas rojizas.

“… bellos…”

Observar el océano estelar, coincidir las estrellas con las perturbaciones del tiempo y la fuerza del destino de los consientes; información invaluable para que los psycoscientistas puedan avanzar en sus teorías fundamentales. Observar es simple, algún día el será reemplazado por otro el del nodo contiguo y para volver al éxtasis del *pipeline* protector.

“… ojos…”

 “Lox, favor confirma esta anomalía” comunicó Lox desde el nodo inferior a los contiguos. El Paño se agitó de forma violenta en el entorno de la roca azul “Lox confirma” llegó desde todas direcciones mientras el impulsaba la extensión del sensor.

3 entidades nuevas tocaban el Paño al mismo tiempo, a la exactitud del balanceo de un átomo de hidrogeno sobre la punta de una aguja. Los tres tocaron el Paño agitando sus espíritus en un armónico resonante como si avisaran de su retorno.


“Lox fuente debe marcar” llegaron desde los nodos superior concediendo el honor a Lox de marcar y monitorear la anomalía; extendiendo su unidad táctil extrajo el aguijón del repositorio y los lanzó para que atraviesen la existencia hacia la distancia, cortando el tiempo por un momento para marcar la materia y espíritu de los tres.

“Que bellos ojos tiene” dijeron tres enfermeras al mismo tiempo en tres lugares diferentes el 20 de septiembre de 1995 a las 11:22 UTC-3.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Tres se encuentran

 “¡Se mandó el paquete de chubis entero! ¡No de esos chiquitos, sino de esos grandes que te ocupan todo el bolsillo! Ajajajja es un ridículo” contaba Magdalena en el asiento de copiloto mientras miraba a Pedro al volante que se ponía rojo y soltaba un: “Siempre le cuentas a cualquiera” para luego simplemente admitir “Era para impresionarte”.

Habían encontrado al joven Lorenzo sentado en un paradero haciendo dedo con un acordeón al pecho y un eterno pucho colgando del labio “¡Allí tenemos música, llevémoslo!” exclamo Magdalena con su entusiasmo coqueto que ella siempre demostraba.

Sentado en el asiento trasero junto a una caja de cartón, Lorenzo se sentía como un niño hacia el frente mientras tocaba suavemente el acordeón como intentando dar un toque de cabaret al vehículo. Esa mañana él había decidido ir al mar para dejar de lado sus preocupaciones y ver si lograba sacar unas monedas en los locales junto al mar, incluso soñaba con unas empanadas de mariscos compartidas con una mujer que aún no conocía.

“¡Mas fuerte! ¡Así de alegre Lorenzo!” decía emocionada Magdalena mirando hacia atrás haciendo como que ella tocaba la guitarra con cuerdas curvas y alegría infinita.

Si tuviésemos otro espectador volando junto al vehículo este diría que la música de Lorenzo son telas brillantes y delicadas que cobijan los sentimientos de quienes lo escuchan, moviéndose con los músculos vibrantes de cada persona al interior de un vehículo a 100km/h girando en el aire.

Ninguno sabe cómo, ni siquiera nuestro espectador hipotético como el vehículo se encontró evitando alguien cruzando la carretera a mitad de la nada; ninguno de quienes observan saben cómo el auto seguía con música mientras giraba desde la carretera hasta el exterior de la contención.

Allí fue cuando un segundo se hizo eterno, Magdalena aun tenia la sonrisa mientras que Pedro estiraba sus brazos para protegerla; y Lorenzo con su pulgar presionado entre el acordeón y el asiento delantero pensó, sin saber siquiera porqué o en que momento del vuelo: “oh no, de nuevo no”.

Mecánica de observación

 20 de septiembre 1995. “Que…” Pocas labores eran menos importantes pero concedida con primeros recursos como monitorear, y Lox sintetizab...